Un libro imprescindible: Hechos de los apóstoles de América.

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Título: Hechos de los apóstoles de América

Autor: P. José María Iraburu

Páginas: 556

Precio:  15,60 €

Editorial: Fundación Gratis Date. Pedidos al correo electrónico fundacion@gratisdate.org

Hay libros que cuando se leen se piensa de inmediato: este libro debería considerarse de texto y de obligada lectura en escuelas, institutos y universidades; y en este caso en los seminarios, parroquias y obispados hoy en tan penosa decadencia espiritual. Pues bien, si de varios hemos pensado lo dicho, de este que hoy les recomendamos mucho más.

El libro Hechos de los apóstoles de América, lleva, como dice su autor en el prólogo “en el corazón a la América hispana”. Es un libro que, además de ser interesantísimo en su exposición, de su originalidad en los aspectos y personajes históricos que aborda y de basarse en pruebas documentales irrefutables, se nota que está escrito con cariño.

P. Iraburu

Es una mirada de fe y desde la fe a una de las grandes gestas de la Humanidad: la evangelización de América. Su título lo dice prácticamente todo. No trata de esa Historia de América paganizada, pretendidamente científica sin serlo y desnaturalizada que se estudia en nuestro país y que cree que, a la postre, todo se reduce al dinero. El P. Iraburu pone su mirada ante todo en lo verdaderamente importante, en lo que contribuye al auténtico progreso humano, que es la fe católica.

El libro no desdeña hacer referencias ambientales a la conquista, la colonización, la organización civil y los grandes acontecimientos históricos, como es lógico, pero sobre todo su estructura se centra en los grandes apóstoles americanos. Sobre todo los santos. Y qué santos. Son historias impresionantes, que se le clavan a uno en la imaginación y que recordará toda su vida. Los miles de kilómetros andados por el Beato Fray Junípero Serra, a pesar de su cojera, para evangelizar en California, que había dejado dicho al Virrey que, si los indios paganos o incluso los mismos indios bautizados le mataban, no se les ejecutase en represalia, sino que se les corrigiese y perdonase “en cumplimiento de nuestra ley, que nos manda perdonar injurias, y procúrese no su muerte, sino su vida eterna”. La pequeñez y sencillez de San Juan Diego, tan parecidas a las de la Señora del Cielo que se le apareció. La alegría de los cantos y bailes de San Francisco Solano. La humildad de San Martín de Porres. Los numerosos mártires que regaron con su sangre la evangelización americana, desde el Canadá hasta el Río de la Plata. Obispos santos, frailes santos, seglares santos.

Y como en toda mirada de fe y desde la fe, no se ocultan las sombras, siempre humanas, de aquellos hombres y momentos. El título del capítulo sobre el más famoso de los conquistadores es, en ese sentido, muy significativo: Hernán Cortés, pecador y apóstol. Los conquistadores eran soldados, con todo lo que eso implica de derramamiento de sangre, rudeza y ambición. Aún así, sin embargo, el libro muestra la fe auténtica que tenían esos conquistadores españoles, a pesar de sus pecados, y su deseo sincero de dar gloria a Dios y transmitir la fe a los pueblos indígenas.

Este libro constituye un antídoto eficaz tanto contra la leyenda negra anglosajona como contra los indigenismos paganizantes actuales. En efecto, una de sus mejores cualidades consiste en que recoge una enorme cantidad de textos de la época, frases de los diversos santos, documentos históricos, relatos de los propios conquistadores y evangelizadores, etc. Al leerlos, uno puede encontrarse, sin intermediarios, con la verdad sobre la gesta de la evangelización de América, más allá de los prejuicios ideológicos. Podemos leer de primera mano la brutalidad espeluznante de muchas prácticas paganas, las guerras y rencillas entre los indios, la descripción del sacrificio y las obras maravillosas de los evangelizadores, la alegría de los indígenas al abrazar el cristianismo, el heroísmo y los pecados de muchos conquistadores y el sincero deseo de los Reyes de España de proteger a los indios americanos.

De verdad, no se lo pierda y obliguen, sí, obliguen a sus hijos a leerlo; ustedes y ellos se alegrarán toda su vida de haberlo hecho.

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